Bien iniciada la década del 80 Ford comprobó que
las ventas globales del Capri estaban decayendo. Su concepción de “pony car a
la europea” estaba pasando de moda.
Aunque dentro del Reino Unido los investigadores
de mercado encontraron una especia de culto hacia el coche por parte de los
aficionados.
Casi sobre el filo de su existencia, Ford comenzó
a centrar su atención en el mercado del Reino Unido, y presentó algunas
versiones y ediciones limitadas.
Tal el caso del 2.8 Injection que debutó en el
Salón de Ginebra.
Este coche insufló nueva vida a un modelo que en
principio estaba pronto a discontinuarse, manteniendo el modelo en producción
tres años más de lo que Ford había planeado al principio.
Alcanzaba los 210 km/h de máxima, con una
nueva caja de cinco marchas.
La miniatura de Vanguards hace gala de un molde
muy bien logrado, y consigue reflejar perfectamente el efecto de “ceja” que
producía el capó al cubrir parcialmente las ópticas.
CRUISER




































